Siempre terraza, terraza
Ferro le ganó 1-0 a Deportivo Morón, en Caballito, y lo igualó en puntos en el primer lugar de la zona. El Toro Parisi, cerca del final del partido, volvió a convertir el gol ganador. ¿Esto que estamos viviendo es real?
En la previa todo Iba a parecer muchísimo más complicado todo de lo que en realidad terminó siendo. Porque Oeste había perdido a sus dos zagueros titulares, tenía que jugar con una defensa emparchada, con temores y rumores sobre el arbitraje, enfrentándose al líder del grupo con la chance de igualarlo en puntos. Y si bien todo esto parecía una tarea más que dificultosa, los dirigidos por Sara lo terminaron haciendo sencillo. Jugaron el partido que tenían que jugar. Aunque no hubiese ganado, por la cantidad de situaciones despilfarradas, jugó el partido que se debía. Por contexto y momento, tenía que hacer el partido que hizo. Borró de la cancha al Gallito. Exhibió una amplia superioridad en todas las acciones del juego sobre un rival directo. Y se demostró, y nos demostró, que no le escapa a ser candidato. Todo eso bajo una evidencia de carácter asombrosa. Ferro Carril Oeste ha llegado a la mitad del campeonato en el primer lugar de la tabla de posiciones. Sí, compartido, 2° por diferencia de gol, pero está en el lugar que se merece. Está en el lugar que produce el efecto de obtener 22 de los últimos 24 puntos en juego. Y ganarle al que tenía que ganarle para que comience una ilusión más grande.
La pregunta entonces es ¿cuál puede ser el techo de este equipo? Porque vencer con la autoridad con la que lo hizo al líder del campeonato, para alcanzarlo en puntos, responde a una evolución en su juego. Que sí, tiene una esencia y una dinámica aceitada, pero que excede a los titulares, porque cuando los suplentes entran, ese funcionamiento tampoco se resiente. Y cuando uno cree que llegó a su tope, aparece otro partido en el que muestra más solidez, se lo nota más consistente para seguir reafirmando su momento idílico. Empieza a vivir en ese techo y entonces, es cuando uno se da cuenta, que por encima del techo está la terraza y este equipo aspira a eso. Que este no sea el pico, sino un escalón más en busca de la perfección.
Pero para alcanzar esa perfección, a muestras está, únicamente frente al equipo de Walter Otta le faltó ser más resolutivo en los metros finales. Después, tuvo todo. Concentración, intensidad para recuperar y reiniciar ataques, dinámica para circular la pelota, tanto en las lateralizaciones para construir espacios, como en los envíos al vacío que generaran profundidad por las bandas. Tuvo buen retroceso, se compactó bien, al punto de que Morón casi ni lo inquietó, salvo dos jugadas asiladas en cada tiempo y una tapada de Monetti que podría quedar en los libros si todo termina como queremos. Pero también estuvo muy atento a las segundas jugadas. Donde en la categoría se ganan partidos. Se ve un equipo trabajado, pero no solo eso, también metido. Sabía Sara que por la presión alta en salida de Ángel González, Dening y Parisi, más Hoyos bloqueando línea de pase, la opción de la visita era dividir y ahí es donde estuvo la clave para ganar esa segunda jugada en el anticipo. Incluso la presencia aérea de Tarón terminó siendo fortuita. Desde ese porcentaje de pelotas divididas recuperadas, pudo empezar a reconstruir en la zona media.
Porque su esencia, su corazón, indudablemente es el mediocampo. Un equipo que construye desde la tenencia y ahí todo fluye. Hubiese sido una locura que el entrenador improvisara con Obradovich como primer marcador central, ante la ausencia de Tevez, Orellana y Canto, porque de esa forma hubiese desmembrado lo mejor que tiene este equipo, en pos d una improvisación que nada le garantizara que le saliese bien. Por eso el DT acertó y le salió todo. ¿Para que desarmar algo que viene bien? Otra vez con un mediocampo que toma el control del partido, aunque no tenga la pelota, aunque le toque ocupar espacios. Obradovich está un segundo antes por posicionamiento. Kabalin es rueda de auxilio pero sigue pisando el área. Mientras que Hoyos aprovechó la marcación zonal de Morón, que al no tener la persecución de Burruchaga, aprovechó para tener dos o tres tiempos más para decidir. Porque eso tiene el 10. Tiene potrero, por supuesto. Pero entiende el partido. No firuletea. Hace jugar al equipo. Y su velocidad no está en su físico, sino en la lectura de lo que requiere la jugada. Saca ventaja ocupando ese lugar vacío y resolver para el control y el pase. De esta forma, dañaba en la creación por las bandas con Ángel González y Parisi, que se complementaban al discreto partido de Ozuna y Khim para hacer un 2 vs. 1, aunque volvía a sufrir esa molesta falta de efectividad cada vez que pisaba el área de Salvá. Le faltaba ser acertivo en ese pase atrás o la definición frente al arco. Porque el día que concrete la mitad de lo que genera va a terminar goleando, como aquella tarde en Bolívar.
Pero a diferencia, también de aquella tarde en Bolívar, no cambió su esencia ofensiva. Logró equilibrarse mejor. Halló ese exacto punto de continuar siendo ofensivo, sin exponerse al golpe por golpe. Se cierra bien para las transiciones de ataque-defensa. Esa es la evolución. Que se volvió un equipo corto y compacto, que avanza en bloque y que cuando recupera, por los costados vuelvan. Por eso mejoró. Y lo logró sin ser defensivo. Entendiendo que la forma más eficaz de protegerse es con la pelota y, por supuesto, con intérpretes para llevarlo a cabo. Porque en esos momentos de zozobras finales post 1-0, Sara volvió a enviar el menaje de protegerse, pero lejos de hacerlo con defensores lo volvió a hacer con volantes de marca y oficio como Nico Gómez y Olguín.
Y no, no voy a terminar la crónica sin hablar de Lautaro Parisi. El hombre del momento. El loco más lindo. Pero no por alguna cuestión de falta de raciocinio, sino por exceso del mismo en los momentos más críticos del partido. Porque cuando todo parecía que se moría en cero, aprovechó un centro de Khim, literalmente, para fabricarse una obra de arte por la dificultad que llevaba la jugada para terminar en gol. Porque esa pelota área, llovida, no solo requiere de capacidad técnica, para impactar y hacer un gesto técnico que alcance la hipérbole perfecta hasta caer por encima del arquero, sino del ingenio para revisar el adelantamiento de Salvá con esos dos o tres pasos por delante, para que la única forma de que terminara en gol, sea de la forma en la que logró cabecear. Y todo esto en fracciones de segundos. Usted ha tardado más en leer estas líneas y estas explicaciones que el Toro para inventarse la jugada y darnos la cima compartida del campeonato. El hombre de los goles ganadores. El que, muchos creían, solo continuaba en el club por la compasión de ser el que con sus goles evitó un descenso. Pero tenía mucho más para dar y no limitarse a eso. Y también tiene mucho más para dar adentro de la cancha, con un retroceso envidiable para perseguir a Contreras primero y Carozo después, ser quien más pisa el área con arco de frente. Si hasta tuvo dos buenas resoluciones en el área que no lograron terminar en tanto. Hoy clave con sus goles, pero también con lo que ayuda en el retroceso para organizar un 4-1-4-1 o presionar en alto, ya que frente al Gallo el equipo fue más 4-3-3- para cubrir mejores sectores del campo amoldándose a lo que pedía el rival.
Ferro sigue alejando cualquier tipo de fantasmas. Indudablemente los miedos e inseguridades eran más d afuera. Y jugó para sembrar confianza ante lo desconocido d estar líderes al 50% del torneo. ¿Que la zaga era suplente? No se notó. Anularon a Toloza. Tarón mostró buen pase largo hacia los extremos y Peña Biafore tuvo su debut profesional, no solo en en club, sino en toda su carrera, con total soltura y compromiso. Cada pelota, con la concentración de ser la última.. Estuvieron a la altura. Por eso hay que empezar a hablar de un plantel, más que de un equipo. Que sí, por supuesto tiene cosas para trabajar y mejorar, pero en su andar no paró de regar ilusión, de cara a una segunda rueda para rectificar todo lo bueno que consiguió en esta. Para llegar ahora a algo más arriba que su techo.
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