Y un día pasó
Ferro cayó goleado sin atenuantes por 4 a 0 ante Deportivo Morón, en el Nuevo Francisco Urbano. Gustavo Canto y Gonzalo Castellani fueron expulsados. A pesar de la derrota sigue como líder de la zona.
Algún día iba a perder. Era anormal creer que un equipo atravesaría toda la Primera Nacional ganando todos los partidos que jugara. Es un golpe necesario para hacer entender que esta es la categoría más difícil de todas. Pero en la derrota frente a Morón en lo que se debe hacer hincapié es en el cómo. Porque obviamente que se podía perder, pero lo que terminó impactando fue la forma y el resultado. Con una imagen que hasta ahora no había dado: menos intensidad que su rival, con groseros errores individuales que abrieron el partido y referentes expulsados. Uno de esos cachetazos que llegan en el momento que se necesitan para evolucionar y ponerse de pie.
Ferro iba a Morón con ausencias importantes. Y ahí radica otro llamado de alerta ante esta derrota: ¿es Obradovich dependiente? Indudablemente el posicionamiento y la velocidad para resolver del juvenil es lo que le está dando el salto de calidad en esta temporada, pero ¿tanto pudo cambiar tanto un equipo por un solo jugador? Si la respuesta es sí, es un síntoma peligroso. Hasta ahora, con todas las ausencias que le habían tocado suplir, con ninguno se había resentido tanto. A ninguno extrañó y necesitó tanto. Nunca había adulterado su rendimiento de manera tan abrupta. Tampoco es para caerle a Olguín, el nivel colectivo del equipo entero no estuvo a la altura de lo que fue el partido ante el escolta, que lo jugó como una final. Y con la facilidad de hablar desde el resultado puesto, uno puede atribuirle a un mejor planteamiento que, ante la eventual ausencia de Obradovich, hubiera sido mejor ocupar con dos futbolistas que pudieran cubrir ese sector. Tal vez con Nico Gómez y Olguín. Sacrificar a un punta para tener mayor presencia en la mitad de la cancha, porque independientemente de los horrores defensivos que abrieron el desarrollo, en los primeros 15 minutos el conjunto de Sara, con buen tino porque es el líder de su zona y porque hasta ahora le vino sirviendo, intentó imponer sus condiciones sin cambiar su fisonomía de local o visitante. Pero el Gallito mordió mejor en el medio. Una de las características que llevaron al Verdolaga a ser líder es el pase vertical en profundidad para Ángel González. Eso no pasó en ningún momento, porque no se lo dejaron. Incluso en el 0-0. Que sí era un partido parejo, cerrado, sin llegadas, hasta que llegó el primer gol con cuatro errores en una misma jugada: dudas de Ozuna frente a la presión de Fagundez, de los futbolistas más determinantes del torneo, Canto la punteó frente a una salida apresurada e innecesaria de Monetti, y Peña Biáfore, que quedara en la foto, le erró para pegarle al poste en vez de hacer un despeje fácil.
Pero lo de Ferro en la oscura tarde del oeste fue mucho más profundo. Porque errores, se pueden tener. Se tuvieron con San Telmo, se tuvieron con Chaco For Ever, se tuvieron con Acassuso. Y el equipo los sacó adelante. En el Nuevo Francisco Urbano fueron devorados por el contexto que planteó Otta. Porque si bien echó de menos a Obradovich, también extrañó a Hoyos que nunca terminó de entrar en juego. Ahí estuvo la clave de la abultada superioridad del Gallito. Sin meterse atrás, mordiendo en mitad de campo, cortó todos los circuitos de juego. El resto lo hicieron las impericias, como también en el segundo tanto cuando Fagunez trabó y ganó sobre Torrent primero y Biafore después, dentro del área, para dejarle el gol servido a Levato. La verdadera diferencia la hizo al forzar errores en la salida con el uruguayo y Levato sobre un Olguín increíblemente errático, más Kubizsyn anulando a Kabalin y sin la posibilidad de que se conectara con Gonzalez o Parisi. A esto había que sumarle que Hoyos no tenía contacto con el esférico, por lo que buscaba tirandose a los costados, con la persecución encimada de Burruchaga. El que domina el medio, domina el partido y con una postura de recuperación en bloque alto-medio, sin tanta tenencia de pelota, el dueño de casa controló el partido hasta que Oeste se fue deshaciendo solo, confundido en su propia desesperación con la incomodidad que estaba afrontando el compromiso. Ferro quiso jugar como siempre, y por ausencia de nombres o por un mal día, esta vez no pudo.
Tampoco pudo leer lo que pedía el partido. O en realidad creyó que Morón iba a aflojar. Para el complemento, Sara mandó a la cancha a Castellani por Olguín y Benegas por Parisi. ¿Qué se buscó? Con la lógica que con el 2-0, Morón iba a replegar sus líneas para buscar una contra, se tendría más dominio de pelota y de territorio. Por eso un doble 9 y para eso al Boni manejando el eje. Error. Los de Walter Otta jamás aflojaron. A los 3 minutos se sentenció el partido de la misma manera que impuso sus condiciones en la primera mitad: presión de Fagundez sobre el Boni, pérdida y gol de Esquivel. Pero era el principio de la pesadilla, porque a esa altura se imploraba que el daño colateral sea el menor posible. Los últimos 40 minutos ya son difícil de analizar dentro de un contexto totalmente desnaturalizado por las expulsiones a Canto y al Boni, para resistir la menor cantidad de goles posibles con 9 jugadores. Y terminaron siendo solamente 4 debido otra ley del ex, esta vez vía Toloza, ya que pudieron ser más pero los postes lo evitaron.
Sí, salió absolutamente todo mal. Desde las individualidades y desde la lectura. Se trató de plantear un partido de igual a igual, con ausencias esenciales. Ahora, pareció un error. Pero hacer un partido más defensivo, jugándolo desde el orden y ocupación de espacios, tampoco era garantía de salir victorioso. Ya está, se intentó respetar un estilo que lo llevó a la punta, ganando 10 de los últimos 11 partidos y que incluso le dio la posibilidad de tener dos márgenes para el error. Listo, el primero lo gastó. Es el porrazo que llega en el momento justo. Es una caída como tantas otras que deberá ponerse de pie si quiere ser ese candidato que anunció. Una torcedura, no una ruptura. El golpe para despabilarse. Para no subestimar a nadie. Para entender que todos los partidos se juegan a cara de perro. Y ahora se verá algo que hasta ahora no se había puesto a prueba: el carácter de un campeón. Después de este revés la entereza para reponerse. Algo que lo puede volver mucho más fuerte. Para Godoy Cruz deberá demostrar ese salto evolutivo y personalidad, con el plus que tendrá que ir a ganar sin Monetti, Canto ni Castellani. No tendrá ningún referente. Pero tendrá a su gente sosteniéndolo una vez más como en cualquier lugar del mundo.
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