Que no lleguen las doce
Ferro perdió 3 a 1 ante Godoy Cruz, en Caballito, y llegó a su segunda derrota consecutiva. Continúa primero, pero se encienden las alarmas. Matías Kabalin había marcado el empate parcial. Uriel Pepe fue expulsado.
Cual Cenicienta, queremos que la carroza no se transforme en calabaza. Que el hechizo se iba a acabar, seguro. Pero Sara debe encontrar la fórmula de evolucionar en su juego. Darle otra vuelta de rosca. Un tropezón no es caída, pero dos ya es para ocuparse. Oeste fue superado por segundo partido consecutivo. Perdió bien. Le estan sacando la ficha. Ya no puede replicar sus buenas cualidades. Y si sus principales baluartes no aparecen, el equipo se resiente. Por características, igualmente lograr generar varias oportunidades de gol, pero sigue con la misma falta de contundencia que tenía en su mejor momento, lo que sí se modificó es que defensivamente ya no se ve tan sólido. Siete goles recibidos en 4 partidos lo evidencian. ¿Se resuelve únicamente con cambio de nombres o algo más profundo? ¿Se soluciona solamente sacando a Peña Biafore, quien después de unos primeros partidos auspiciosos, actualmente es el chivo expiatorio de un conjunto en baja?
Para explicar la caída hay que hacer hincapié principalmente en la etapa complementaria, donde anteriormente sacaba ventaja y esta vez no tuvo respuestas, ya que la primera parte bien que pudo haberse ido 2-2 al vestuario, evitado por esa doble tapada de Juan Strumia ante Hoyos y un cabezazo de Parisi, sobre el cierre. Pero en el complemento le faltó la cuota de personalidad y ese cambio de ritmo para no caer en la previsibilidad. Y si ya no causa sorpresa es porque los equipos conocen sus virtudes. Los rivales ya saben que deben bloquear la salida con Obradovich, que deben compactarse y negarle la posibilidad de picar al vacío a Ángel González y, si bien Hoyos tuvo un gran primer tiempo, saben que cuando el 10 se cansa, el Verdolaga deja de generar juego y circula la pelota sin tanta verticalidad, con dos marchas menos. Ante esto el entrenador deberá buscar una variable, porque lo alarmante fue la falta de variantes para contrarrestar los síntomas sufridos en los últimos 45 minutos. A mi entender, en el durante se requería un cambio de esquema con una doble referencia interna natural en ofensiva, porque cuando se buscó adulterar el sistema sostenido, ya era demasiado tarde, incluso en pos de una desesperación con un jugador menos. Ya, a esa altura, nada podía salir bien.
Había varias modificaciones obligadas entre suspendidos y jugadores que volvían, por lo que desde la derrota frente a Morón Sara debió cambiar medio equipo, perdiendo la estabilidad que había encontrado en algún tramo del campeonato. La sorpresa estuvo con Benegas de arranque por Dening. Con esto, el DT buscó contrarrestar la altura de los centrales rivales y la movilidad que podía aportar sobre los costados, ya que buscaba enrocar constantemente con Parisi por la izquierda. De hecho, el gol de Kabalin, parte desde un centro de él desde la izquierda. Pero con Mateo de 9, si la idea era buscarlo por su potencia física y juego aéreo se falló en el planteamiento. Nunca hubo un centro para él. Ozuna y Khim se interiorizaban por demás y todo terminaba embarullado, demostrando una de las constantes que no terminaron sirviéndole: la poca amplitud por las bandas. La búsqueda fue de forma perseverante por adentro. Paradójicamente, el único que entendía donde estaban los espacios era Hoyos, que era la opción requerida continua en cada construcción. Siempre resolutivo, había un abuso del recurso utilizado para que todo pasara por él en cada creación. La ecuación era simple, mientras estaba activo, Ferro fluía y lograba sostener la posesión, pero en cuanto fundiera, como pasó en el segundo tiempo, lo iba a sentir y bajar considerablemente su nivel. Porque cuando el 10 no aparece, se le acaban las ideas. La pelota siempre al 10, sí, pero cuando está cansado se necesita de una alternativa que no sucedió. Incluso en el nombre por nombre, el entrenador tampoco tiene un futbolista de sus cualidades para ser distintivo en velocidad de circulación de pelota y verticalidad. ¿Podría ser Esidin? Sería lo más cercano, sin volver a caer en que ese relevo era Martín Campos, pero ya es un tema cerrado. Entonces sin un reemplazo natural, cuando el ex Chacarita Jrs tiene un mal partido como le pasó en Morón, o el cansancio lo agobia como en la derrota frente a Godoy Cruz, se debe buscar un plan alternativo, jugar a otra cosa, porque a lo mismo no se puede. Porque en la etapa final, cuando más lo necesitaba y menos podía, el equipo mendocino le manejó la pelota, sin la necesidad de meterse cerca de su arco.
El primer tiempo Godoy Cruz lo esperó en bloque medio con un 4-4-2, con esa paciencia de que un equipo golpeado podía tener ciertas dudas. Y lo que aconteció en ese comienzo pareció una extensión de la goleada contra Morón. Una consecución de errores, que nacieron en la mitad de cancha y siguieron en la defensa, abrió el partido. Ante eso hubo una respuesta inmediata con el empate de Kabalin. Y esta es la mejor señal que pudo entregar el partido. Se repuso rápido. No se cayó. Hubo una reacción. No perdió por ese gol inicial porque logró el reset en el marcador. Y sí, también existía esa incertidumbre sobre qué sucede cuando el Verde está 0-1. Ese empate llegó. De hecho, fue dominador en la primera mitad desde la tenencia. Le faltó profundidad pero generó chances para darlo vuelta. Esa sensación se partía en cada contra del Tomba, que en la recuperación jugaba veloz hacia los costados con Pino o Guerrero. Lo que rompió el contexto del partido fue el golazo de Rossi. No se puede recaer en una obra divina (o desgraciada para nosotros) en un tanto evitable, no desde que sale el bombazo, sino con tratar de de evitar un despeje, desde un saque de manos al área, hacia la zona de la medialuna. Porque lo prometedor que había sido ofensivamente en la primera mitad, no lo fue en el segundo tiempo. El entretiempo le sentó mejor a la visita para acomodarse y negar cualquier tipo de espacios. Entonces, Ferro no perdió porque no pueda reponerse de un gol en desventaja, sino por la falta de resolución y claridad que tuvo en los últimos 45 minutos.
Para el complemento Oeste salió más partido en un 4-2-4, con Parisi cerrado y Hoyos, ya menos suelto, tirado a la izquierda. Esto trajo más facilidades para el Tomba, que de a poco se acomodaba a una línea de 5 en el fondo. Que Obradovich sea la primera pieza de armado de juego, también lo saben todos. Esta vez sobre el juvenil atacaban Poggi, Pino y Axel Rodríguez. Liberaban a los centrales en conducción pero buscaban que el volante central no pudiera tener cancha de frente y en cuanto pudiera girar, forzar esa pérdida. Ante esto se abría una disyuntiva: si Kabalin retrocedía para tener una doble base de primer pase y distribuir la presión contraria, se perdía un futbolista en el tercio final para continuar la construcción de juego o ganar la pelota dividida. Obviamente que hubo un mérito del equipo de Pablo De Muner para incomodar al local. Pero si Oeste no pudo poner a Ángel González a correr, la decisión de reemplazarlo por Menéndez tampoco fue fructífera. Se cambió de nombres pero no de búsqueda y si la pelota no le llegaba a uno, tampoco al otro. En ese momento más nebuloso, de extrema confusión, sin encontrar espacios, es sana la búsqueda directa al área. Dening ganó y esforzó al arquero, pero fue un método poco elegido. Con la expulsión de Pepe, ya era tarde para arriesgar y quedaba esa sensación que se agigantó en el final: con una línea de tres improvisada, a esa mandíbula de cristal le valió una contra para que lo volviesen a tirar a la lona. Milo estiró por izquierda, Milo definió ante la salida de Ruiz para encender más alarmas en cuanto a lo referido a la diferencia de gol.
Ya se sabe, lo difícil no es llegar sino mantenerse. En esta etapa está Ferro. Sara recurrió al nombre por nombre para resolver los problemas, a los que no le encontró la vuelta, frente a un rival muy prolijo. Un Hoyos sobreexigido y las ganas de Khim es de lo poco que puede rescatarse esta vez, de un conjunto que necesita urgente cambiar de aire y resurgir. El entrenador debe encontrar frescura, con la ventaja del colchón de puntos obtenido que todavía lo hace estar arriba. El bajón es lógico. Les pasa a todos. Inclusive si uno repasa la tabla, podrá encontrarse que entre los seis primeros, todos perdieron dos partidos de sus últimos cinco jugados. Como punto optimista, vale remarcar que esa recaída sea en este tramo del torneo y no sobre el final. Pero las alarmas ya están encendidas. Y los equipos campeones son los que logran reponerse de estos golpes, para que a esta Cenicienta no se le termine el cuento antes de la medianoche.
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