Pasó la tormenta
Ferro le ganó el interzonal por 3 a 1 a Atlanta, en Caballito, y continúa afianzándose como líder de la Zona A. Enzo Hoyos, de cabeza, Lautaro Parisi y Franco García convirtieron los goles.
Aunque el sábado fue frio, gris y sombrío en la Ciudad de Buenos Aires, en Caballito pareció haber otro clima. En el centro de la ciudad parece haber un clima cálido, agradable y soleado. Porque parece que la tormenta ya pasó y quedó atrás. Porque el equipo de Sara ya dejó en el pasado esas dos derrotas consecutivas, confirmando con estos dos triunfos seguidos que está nuevamente en competencia. Que rejuveneció con un cambio de esquema inicial, que le dio otro aire y otra frescura, pero con la misma ambición y autoridad que lo llevaron a la cima. Porque enfrente no estaba cualquier equipo, estaba el 3º de la otra zona. Otro protagonista del campeonato. Y otro protagonista que Ferro borró con su estilo y con su sello. Porque en el peor momento el entrenador también supo leer lo que pedía el contexto del partido. Se adapta.
Por rival, entorno y momento tal vez fue la mejor versión que hasta ahora entregó esta aventura. Porque necesitaba reafirmar la levantada. El DT volvio a confiar en el esquema de Lomas. Inició 4-3-1-2, con un mediocampo que marcó en diamante y presionó mucho en mitad de cancha. Buscaba bloquear los circuitos de juegos de los de Cristian Pellerano. Los dos puntas no eran una referencia fija y si bien Parisi se movió, por naturalidad, sobre la izquierda a espaldas de Mendoza, fue por donde decidió atacar el Verde. ¿Entonces donde estuvo ese dominio? No solamente en el trato de pelota, esta vez más repartida que otras oportunidades, sino en la idea y sentido que le dio a esa tenencia. Porque ese mediocampo no solo equilibró el equipo en transiciones de ataque-defensa, sino también repartió funciones desde la posesión. Porque mientras Kabalin era el que pisaba más el área, como en el centro al Toro en el segundo tanto, Nico Gómez era el que intentaba romper con pases en profundidad al hueco entre lateral-central. Porque con ese rombo en el medio, se liberaban los carriles para la escalada de Ozuna y Corda, para terminar más de extremos que de marcadores de punta. Sin la persecución de Puch y Nacho Rodríguez, hacían entrar en la duda a Mendoza y Argüello sobre si saltaban al lateral o buscaban presión interna. Con este método de superioridad en zona media, los volantes de Oeste siempre tuvieron uno o dos tiempos más. Y Enzo Hoyos con uno o dos tiempos más es totalmente determinante. Y en él hay que centrarse para explicar la victoria.
Ya se habló de una peligrosa Hoyos-dependencia de este equipo. Pero es que el Gordo cuando está bien y le dan lugar puede dar muestras de toda su jerarquía y picardía. Juega a la pelota. Destila potrero en cada control y en cada acción. Puede comprar por la humildad con la que vacila fuera del campo, pero embelesa a los hinchas en cada contacto. Tiene gambeta, pero nunca hace una de más. Le gusta tener el esférico, pero sabe cuándo llegar y sorprender al área, como en el tanto que abrió el partido, al anticipar a una estática última línea visitante y a un Rago que quedó a mitad de camino. Entonces, cuando él está bien, encuentra los espacios, pero si le llegasen a duplicar las marcas, detecta y fabrica pasillos de pases internos como en la magnífica asistencia al Uru García que sentenció el pleito. Cuando Enzo aparece, Ferro va a jugar bien. Y la funcionalidad colectiva de ese ensamble defensivo, por momentos con tres internos cerraditos, es lo que le da la libertad para saber dónde ubicarse e inventar la continuidad de la jugada, antes de que le llegue la posesión. Porque vale destacar el orden que encontró Sara, pero en esa organización el que tiene mayores libertades creativas es el 10. Y está bien que así sea. Porque el equipo juega para él, para que él juegue para el equipo. Entonces termina de potenciar las virtudes de una de las grandes figuras de la Primera Nacional. Físicamente fuerte, ya dejó de ser meme. Calidad siempre le sobró. Y si le agregamos confianza, es el cóctel que termina de moldear el fútbol. Pero también marca, molesta sin pelota. Porque en cada salida bloqueó a Rivero para que Atlanta no tenga progresión interna en su cadena de elaboración.
Las únicas dos llegadas del Bohemio en el primer tiempo fueron con sendos remates de media distancia de Nacho Rodríguez, cuando aprovechó que Felipe Cachovich se pegara demasiado a los centrales. Pero, después, no logró inquietar. Incómodo, por la presión de Dening y Parisi a los centrales, buscó en largo a Quintana que perdió todos los duelos frente a Tarón en un choque de titanes. Y puntazo para el chaqueño que tuvo uno de los duelos más dificiles del campeonato. En la única que ganó el ‘barbeta’ de Villa Crespo fue en el descuento, cuando enrocó marcas con Federico Castro, para ir a sacarle ventaja en el juego aéreo a Tevez. Fue el momento de más desestabilización de Oeste. Porque con dos referencias en ofensiva, ya se marcaba mano a mano en el fondo. Entonces Sara respondió moviendo el banco. A la cancha García y González por Dening y Gómez, que hacía un rato había quedado pegado a Obradovich para afirmarse en un doble 5. Así fortaleció el 4-2-3-1 y mandó un mensaje claro: ubicarse treinta metros más adelante y volver a presionar desde la salida. Cambió la postura, para contrarrestar al descolocado Atlanta que había quedado fraccionado en el medio. Este tramo fue en el que destacó el Toro Parisi, más toro que nunca. Porque sí, volvio a convertir para ganar pero donde más sobresale es en el sacrificio. Y esa es otra de las cualidades de este plantel con el que la gente se deleita y se siente identificada. Porque el 9 pasó a volantear por la izquierda, como Ángel lo hizo sobre la derecha, para generar laterales bises, evitar el 1 vs. 2 por afuera y prohibir que Atlanta centrara la pelota al área del Mono, a esta altura el único y desesperado recurso que intentaba la visita para ponerse en partido. Y ocho pulmones Parisi, con toda su inconsciencia de lo que está construyendo a cuestas, era capaz de recuperar en propio campo y finalizar en terreno rival.
Para el final, el DT volvió a mover el banco con Marra, Castellani y Benegas. Marra se cerró al lado de Felipe, Mateo quedó en la referencia y García pasó a hacer ese trabajo sucio de ida y vuelta por la izquierda, pero sin tanto recorrido ni tanta marca como el Toro, contó con la ayuda del Boni, que lejos de ubicarse de mediapunta, se posicionó sobre la izquierda para colaborar en defensa con Ozuna y fortalecer un marcaje escalonado, para así también liberar más al Uru para las contras. Desde ese momento, el Verdolaga pudo aumentar con algún remate de González, del propio Benegas, un tiro libre de Ozuna o dos finalizaciones fallidas del uruguayo que tuvo su premio con su tanto y su reencuentro con la gente, que le reconoce dejar la piel en las más difíciles.
Cuando Sara hablaba de que quería que la gente se enamorara del equipo, lo viene consiguiendo. Y no precisamente por volumen de juego o buen trato de pelota, algo que por características de sus intérpretes tiene facilidades. Ni siquiera por la consecución de resultados positivos. Está consiguiendo que la gente se sienta representada por el sacrificio que impone, cuando incluso el físico no está al 100%, pero el corazón está al 110 y suple ese desgaste. En todas sus versiones, el que se mantiene como líder futbolístico es Hoyos. Y ahí estará la próxima prueba en la que ya seguramente trabaje el entrenador para volver a encontrar el siguiente salto evolutivo. Cuando no aparezca, tener variantes. Y por ahora las tiene, porque cada uno que le toca ingresar lo hace sin que el funcionamiento se resienta. Protagonista desde el comienzo, lee perfecto la orientación de hacia dónde va el juego. Volvió a dar el golpe sobre la mesa, cuando muchos ya lo creían hundido. Le comienza a agregar gol, aunque la falta de contundencia sigue siendo esa cuota pendiente para tratar de acercarse a convertir sobre todo lo que produce. Los nubarrones ya pasaron, pero todavía quedan 11 estaciones hasta la ruta final.
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