¡Madre santa!
Ferro le ganó 1 a 0 a Racing de Córdoba, con gol de penal de Lautaro Parisi, y quedó a un paso de la final por el primer ascenso. Por la derrota de Morón y el triunfo de Godoy Cruz, matemáticamente necesita 2 puntos para llegar al partido decisivo.
Está ahí. A centímetros de la mano. Con esa mezcla de ansiedad y nerviosismo. Se percibe, nos sentimos ahí. Pero todavía no se llega. El equipo de Juan Manuel Sara quedó a nada de jugar la primera final de la Primera Nacional, pero en estos párrafos no estamos para analizar sensaciones, sino rendimientos. Y en el momento más cúlmine de la temporada, ¿llega Oeste en su mejor momento? ¿Qué ganó y que perdió con respecto a esa racha de 11 jugados sin perder que lo depositó en la cima?
A ver, está claro que Ferro sigue demostrando por qué es el líder de la Zona A. Sigue jugando con autoridad, ambición y sometiendo a sus rivales. No lo superan. Ante Racing de Córdoba dominó con pelota y desde el territorio. Tuvo problemas por momentos para desbloquear el 4-4-2 con doble cinco de marca que propuso el Sapito Coleoni, pero incluso en un encuentro cerrado, contó con las chances más claras y jamás sufrió. ¿Le faltó juego? Claro, porque Hoyos nunca estuvo cómodo para ser decisivo y eso lo sintió. Aunque desde la otra arista, nunca exigieron al Mono. Entonces vale remarcar que, independientemente del penal por mano de Jonathan Bay afuera del área que sancionó Amiconi y Parisi cambió por gol, perdió lucidez pero ganó solidez por la solvencia e inteligencia para cerrar los partidos. Con la ventaja, Sara hizo cambios para aguantarlo sin meterse atrás: afianzó la zona media al combinar en medida justa tenencia con combate, para jugarlo lejos de su arco y también protegerse con la pelota. No es que no merece ganar. Pero fabrica menos chances que antes. Aún así llega más que su rival. Le cuesta particularmente en esos duelos sin espacios, pero continúa con la falta de contundencia que lo ha tenido a maltraer durante todo el año, porque contó con situaciones para abrirlo antes del tanto del Toro, y además para liquidarlo para aumentar la ventaja. Y otra vez volvió a fallar en esa materia.
El entrenador volvió a apostar por el 4-3-3, pero esta vez con Reniero de arranque. Y si bien se generaron menos chances de gol que en otras partidos, el Príncipe se fabricó dos situaciones él solito, por su jerarquía individual, aunque lo más destacado fue su sacrificio y colaboración en defensa. Ahí también radicó otra de las características que tuvo el equipo para quedarse con las tres unidades: el oficio. Entender que hay que hacer lo que el partido pide. Y fueron varias pelotas que el atacante recuperó colaborando en defensa, corriendo desde atrás, evitando las transiciones de ataque-defensa que en algún momento han dañado. Por lo cual, Oeste mantuvo el sistema pero le costó sostener su esencia. Eso se debió a que tuviera que aferrarse a otros conceptos para encontrar superioridad. ¿Pefo por qué le faltó más fútbol que en otros partidos? Hay un mérito importante en la visita: Kummer y Bustos imposibilitaron el avance por la parcela central. De lo mejor del partido. Por lo tanto, Hoyos empezó a tirarse a la izquierda, a tratar de encontrar un lugar en el que nunca estuvo cómodo y terminó jugando más cerca de Tevez y Canto, que de los delanteros. En esa zona no sirve. De esta forma, la mayor arma creativa del local no pudo pesar. Cada vez que se involucraba lo hacía en mitad de cancha, con el férreo 4-4-2 cordobés que le dejaba dos opciones y ninguna era dúctil: o buscar algún cambio de frente, obligándolo a jugar en largo; o trasladar, aunque así le quedaba larga la cancha y con poca capacidad de conexión, entre Taborda y Bustos con marcaciones escalonadas, terminaban desgastándolo hasta llegar al tercio final, donde realmente es decisivo. Y que el Gordo jugara lejos del área de Laborda, hizo que el volumen de juego mermara.
El otro déficit que tuvo el equipo fue que jamás pudo explotar a sus extremos. Algo que lo caracterizó a lo largo del torneo, pero con dos líneas de 4 bien compactas no pudo sacar a relucir. Fecha a fecha encontró esa capacidad de desborde por las bandas y la culminación de la jugada por adentro. Ni González ni Parisi pudieron ser influyentes. Obviamente que al Toro se le destaca la templanza en la ejecución de esa pelota que quemaba, en la definición del penal. Pero en el juego, al igual que el 7, no gravitó. Le costó al Verdolaga buscarlos al vacío, porque tanto Peña como Taborda se pegaron a los laterales para mantener la ventaja sobre los atacantes, y debido a esto, imposibilitados de explotar un espacio que no existía, tampoco fueron efectivos en el uno contra uno. Y ese fue otro de los motivos por el que el juego de Oeste se diluyó.
¿Cuáles fueron las virtudes entonces? Lo anterior propiamente dicho de la solvencia para afrontar estos partidos y, principalmente, la calma para no desesperarse. Sin la chance de ser tan directo como otras veces, recurrió a la seguridad para lateralizar hasta fabricar un hueco. Solventado en el orden y equilibrio que nace en Obradovich, para no desequilibrarse y asegurarse un primer pase limpio, jugaba con la tranquilidad de tener la pelota y que por solo eso, las situaciones de gol, aunque sean en menor cantidad, iban a aparecer. Así contó con chances mediante el Toro, cuando entró por derecha, y Reniero por izquierda. La paciencia en este tipo de partidos, con la adrenalina y ansiedad a flor de piel; también fue gestora de la justificación de la victoria. No entró en ese manojo de nervios y controló el partido a sabiendas de que no podían lastimarlo porque tenía la pelota. Racing en cada recuperación apostaba al juego largo sobre Chavarría, que le ganó la mayoría de los duelos a Tevez, pero entre Canto y Felipe se encargaban de encontrar el anticipo sobre Olinick, quien tampoco pudo sacar a relucir su velocidad al ser anulado por la última linea. Por eso no sufrió. Por eso la Academia no lo inquietó. Solo con un remate del 9 de afuera del área muy incómodo y un tiro libre frontal sobre el final. Ahí es donde se vio la solidez de un equipo, que una vez que tuvo la ventaja, no iba a dejarla pasar. Lo que tal vez le faltó en Salta con el 1-0, lo hizo en Caballito.
En un rendimiento colectivo parejo y discreto, uno de los que más resaltó fue Kabalin. Definitivamente, el motorcito. Que en este tipo de cotejos es donde tiene que aparecer para ser la rueda de auxilio. Sin que el 10 sea la llave, su recorrido y despliegue fueron lo que le entregó a Oeste la dinámica ante un rival abroquelado. Así fue como se invirtió el triangulo del medio, siendo el ex Santamarina el vértice más adelantado del mismo, pero con otra particularidad: al jugar él más cerca del área que Hoyos, se optó por jugar a un toque. Todos fueron a ese ritmo. Inyectarle velocidad jugando de primera, sin caer en el apuro, para romper las dos líneas de 4 y mover de su estructura a Racing. En todas las construcciones, aparecía el 8 para ser ese nexo de volantes y atacantes. Y ante la imposibilidad de progresar por adentro, se volcó a la derecha. Trató de generar tándem con Gonzalez o Khim en cada progreso. Por eso no fue casualidad que el dueño de casa abocara sus ataques sobre ese costado. Kihm se lanzaba más que Ozuna, que se quedaba más para no sufrir ninguna contra. Incluso, fue algo metódico, ante la salida de Kabalin, las mejores incursiones se vieron por la diestra, ya con Marra pegado a ese costado y Dening ubicado también por esa zona.
Con la ventaja, Sara reforzó el medio. Ya con Parisi en cancha, una vez rubricado el 1-0, el 9 se paró de volante por izquierda y se rearmó en un 4-4-2, que reforzó con los ingresos de Castellani al eje con Obradovich, Marra por derecha y Gómez por la izquierda. Arriba, Dening fue a hacer el trabajo sucio y García quedó de centrodelantero, con dos posibilidades para rematarlo. El ingreso del Boni le dio lo que el equipo necesitaba en ese momento, por eso también hubo una gran lectura del DT: experiencia y serenidad para tomar la decisión correcta. Gonza se ubicaba en función del esférico. Hacia dónde iba la posesión, izquierda o derecha, se ubicaba como opción de pase por detrás de la línea de la pelota para recibir, que descansaran en él y reorganizar. Ante una eventual pérdida todos mordían: Felipe, el Laucha, Marra. Terminó jugando a lo que propuso el equipo de Coleoni, que nunca tuvo un plan B.
Se sacó un partido muy difícil de encima mucho más por el ambiente y el contexto. La derrota de Morón exigía y la victoria de Godoy Cruz hizo que la fiesta no sea completa. Pero por todos los santos, está a una victoria (técnicamente a 2 puntos) de jugar una final por el ascenso. Ya sabe lo que es afrontar este tipo de partidos con esa presión. Ante Chaco For Ever tendrá un escenario similar. Ya sabe que no contará Hoyos, a quien deberá buscarle una alternativa para no caer en su dependencia, sin que se resienta su función del juego. Tendrá otra chance de justificar que es uno de los mejores equipos del torneo. El contexto lo llevará a elegir las características determinadas para seguir siendo superior. Y dependiendo de sí mismo, una vez más ante su gente.
|